Video mensaje de Madre Chiara Cazzuola con motivo del Consistorio Ordinario Público, en preparación para la Canonización de Sor María Troncatti, FMA

Una santidad que genera vida con corazón misionero

(Roma, 13 de junio 2025)

Queridas Hermanas,

Con alegría me uno a ustedes para agradecer al Señor por las grandes cosas que Él obra en la Iglesia y en la historia de nuestro Instituto, con la intervención directa de María Auxiliadora.

Estoy convencida de que la inminente canonización de sor María Troncatti es para todas las Hijas de María Auxiliadora una gracia extraordinaria, una llamada a renovarnos para continuar, con valentía y alegría, el camino de santidad que hoy Dios nos pide recorrer.

Quisiera detenerme una vez más con ustedes en su persona, en su santidad. La definición que resume todo en pocas palabras es, sin duda, la de una Hija de María Auxiliadora feliz y fiel y, por ello, ¡Madre! En ella emerge claramente la dimensión materna que genera abundancia de vida a su alrededor y encuentra su fuente en una profunda intimidad con el Señor.

Podemos describir a sor María como una mujer realmente apasionada de Jesús y por Jesús. El secreto de su incondicional entrega nace de la oración constante, de permanecer delante de su Señor; de dejarse llenar el corazón de su Amor. Durante el día camina con el rosario en la mano, confiada a la protección de María, Auxilio y Guía en los momentos de alegría, de sacrificio o de peligro. Es Madre incansable en su servicio a los pobres, a los pequeños, a los enfermos y desanimados, tanto a «sus» queridos Shuar como a los Colonos. Se entrega con ternura y amor a la humanidad herida, testimoniando, particularmente en la Selva ecuatoriana, el amor del Padre hacia todos sus hijos. Por esto es llamada cariñosamente «madrecita».

Es hermoso constatar que, conservando los rasgos de una mujer humilde y consciente de su propia fragilidad, se realiza plenamente como misionera salesiana, valiente, audaz, una mujer de frontera, una Hija de María Auxiliadora profética, capaz de inculturarse en una realidad particularmente desafiante como la selva de Ecuador, encarnando los rasgos más significativos del carisma salesiano.

Uno de los aspectos más característicos de su espiritualidad es la afectuosa relación de confianza con María Auxiliadora. Mirando a Ella aprende a ser «auxiliadora» para las personas que le son confiadas. En sor María la filiación mariana no es solo sentimiento, sino una realidad profunda vivida conscientemente como itinerario de formación cristiana y salesiana, por esto se transforma en don de maternidad al estilo del Sistema Preventivo. La esencia de la vocación salesiana es, de hecho, de carácter materno en la acogida, en el respeto de los ritmos de cada persona, un amor materno delicado y afectuoso, pero al mismo tiempo firme y decidido.

En la selva amazónica, como ella misma escribe, es «cada día más feliz» de su vocación religiosa y misionera y la medida de su pasión misionera es siempre, como escribe a sus seres queridos, «con todo el corazón».

En los 47 años de vida misionera, su único objetivo fue ayudar a las personas a encontrar a Jesús. Curó las heridas de los cuerpos martirizados de los Shuar, que se mataban entre sí en nombre de la venganza, pero buscó todas las formas posibles para hablarles de perdón, de reconciliación, del Evangelio.

Actuó en defensa de los derechos y de las perspectivas de bien de los Indígenas, cuando los Colonos abusaban de ellos y cuidó indistintamente a unos y a otros, los ayudó a vivir de manera más fraterna. Educó a las mujeres colonas a sembrar entre la gente palabras de bondad, de justicia, de hermandad, de igualdad sabiendo que, a través del poder educativo de las mujeres, es posible llegar al corazón de los hombres, es posible educar para una convivencia mutua más respetuosa.

Todo esto hasta la ofrenda total de su vida.

Después de la muerte de sor María, Colonos y Shuar sintieron aún más fuerte su presencia y reanudaron la convivencia fraterna. El arcoíris que permaneció en el cielo hasta el momento de su sepultura es un signo evidente de ello.

El Papa Francisco, en la homilía del 15 de mayo de 2022, nos dijo que la santidad no está hecha de unos pocos gestos heroicos, sino de mucho amor expresado en la cotidianidad. Los santos son nuestros compañeros de viaje, que han vivido la santidad abrazando con entusiasmo su vocación y, por ello, se han convertido en luminosos reflejos del Señor en la historia.

Y el Papa León XIV, en la catequesis del miércoles 28 de mayo pasado, reflexionando sobre la parábola del Buen Samaritano, destacaba que antes de ser creyentes, estamos llamados a ser humanos, y precisamente este ser humanos, es decir, compasivos ante las fragilidades, las debilidades, las heridas, las situaciones de necesidad, se convierte en una oportunidad para testimoniar el Evangelio con credibilidad y contagio. Así vivió sor María Troncatti, siempre en salida, profundamente humana y, por ello, verdadera misionera según el Corazón de Dios.

Acogemos las palabras del Papa Francisco y del Papa León como una invitación a renovarnos interiormente, y confiamos nuestra misión a María, Madre de la Iglesia y primera Misionera,c onscientes de que, como lo fue para nuestros Fundadores y para sor María Troncatti, es Ella quien nos guía, nos ayuda, mantiene nuestra mirada abierta a las nuevas realidades con un corazón misionero y profético, un corazón rico en humanidad, compasión y esperanza.»

Sor Chiara Cazzuola

Superiora general del Instituto FMA

?Descargar el recurso: https://bit.ly/Mensaje_Madre_Chiara_Canonizacion_SMT 

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