Hay enfermedades y condiciones muy graves que, sin llevar a la muerte, se extienden en el tiempo porque son incurables. Esto se vuelve especialmente dramático para quienes están recién comenzando su vida: los niños, y para todo su entorno familiar. En la oración de este mes, el Santo Padre nos llama a reconocer que, en los niños que sufren enfermedades incurables, «sus sonrisas, incluso en medio del dolor, son testimonio de tu Reino».



